Mario Ramos, profesor de Filosofía Política de la Universidad Pontificia Comillas y autor de la biografía Michael Oakeshott y la conversación de la política, y el profesor, escritor y filósofo Ángel Rivero, han participado en este diálogo con motivo de la presentación de la obra, en el que han analizado el pensamiento del filósofo británico y su vigencia en un contexto político marcado por la polarización, el populismo y la confrontación ideológica. Durante la conversación, han abordado la defensa de la libertad individual, el valor de la experiencia y la tradición, los límites del poder político y la crítica de Oakeshott al racionalismo y a las utopías políticas. Asimismo, han reivindicado la política como un espacio de encuentro y conciliación de intereses contrapuestos, alejado de la imposición ideológica y fundamentado en el respeto a quienes piensan de manera diferente.
Durante su intervención, Mario Ramos ha destacado la actualidad del pensamiento de Oakeshott y ha defendido «esa idea de que la política es una conversación ajena a las trincheras y a la polarización». En este sentido, ha explicado que el filósofo británico «no da prescripciones, no da recetarios ideológicos; al contrario, es un pensador profundamente antiideológico».
Ramos ha señalado que Oakeshott concebía el conservadurismo como una disposición basada en la experiencia y la prudencia, más que como un programa político cerrado. Así, ha explicado que «valoraba aquello que tenemos y que debe ser preservado del paso del tiempo, pero la política iba mucho más allá de las recetas abstractas: era saber aprovechar el fruto del paso del tiempo, las oportunidades, las experiencias concretas».
En relación con la crítica al racionalismo político, el autor ha advertido contra «la idea de proyectar borradores abstractos de perfección que aplanan toda la realidad para que su mapa encaje con un mundo que no es tan perfecto». Una concepción que Oakeshott ilustraba a través de la Torre de Babel como metáfora de los proyectos políticos que pretenden construir sociedades perfectas.
Frente a estas aspiraciones, Ramos ha reivindicado la centralidad política y la convivencia democrática: «La política se construye en la centralidad, en fuerzas políticas centrípetas que conversan. Es decir, no discuten, no berrean, como vemos lamentablemente a día de hoy en muchas ocasiones, sino que por lo menos conversan y, pese a las diferencias, hay un placer en sentirse reconocido en el otro, aunque el otro no piense como yo».
Por su parte, Ángel Rivero ha subrayado la importancia de recuperar la obra de un autor todavía poco conocido en España. «Hay que agradecerte que hayas hecho este libro, porque en castellano hay muy poca bibliografía sobre Oakeshott», ha afirmado, destacando además «su permanencia en el canon, digamos, internacional, y quizá no solamente su permanencia, sino, en las últimas décadas y de una manera póstuma, una influencia incluso creciente».
Rivero también ha incidido en la singularidad de su pensamiento conservador, vinculado a la experiencia y al conocimiento acumulado a lo largo del tiempo: «Me fío más de lo que puedo tocar que de aquello que me prometen». En este sentido, ha destacado que esta orientación refleja «una afinidad política con aquella política que es resultado de la experiencia».
Asimismo, ha recordado el compromiso del filósofo británico con la democracia representativa frente a los totalitarismos del siglo XX: «Es verdad que ahí sí que hay un compromiso de Michael Oakeshott con la democracia liberal que, en un contexto de asedio al liberalismo, él prefiere llamar democracia representativa para no vincular la democracia a un único partido».
Como conclusión, Mario Ramos ha insistido en la vigencia de Oakeshott frente a los desafíos políticos contemporáneos: «En un tiempo, como tú señalas siempre, de autocracia, polarización y populismos, lo que hace es invitarnos a conversar, a que nos sentemos a dialogar en el ámbito de la política, asumiendo que es la gestión de intereses contrapuestos, a veces difícilmente conciliables».
Y ha concluido defendiendo que el diálogo constituye el punto de partida de la convivencia política: «Cuando ya podamos conversar sin querer imponer nuestras voces, que asumamos que de las conversaciones en las que hay muchas personas participando siempre pueden surgir oportunidades, ideas nuevas y un lenguaje enriquecido».