Anotaciones FAES 97
Ayer el diario El País hacía doblete editorial publicando un ditirambo sobre la amnistía, Ciudadano Puigdemont, y una invectiva contra José María Aznar, La campaña que merecemos. Cada cual simpatiza con quien quiere y reparte elogios y diatribas como prefiere. Está en su perfecto derecho el diario El País alfombrando el regreso de un huido de la justicia que dice haber “derrotado” a los “poderes públicos españoles”, mientras denuesta la “irresponsabilidad impropia de un expresidente” por haber expresado un juicio sobre las próximas elecciones.
Puigdemont ha sido, en pocos años, un golpista para la historia, un prófugo para la justicia, un “exiliado” para el PSOE[1] y un “ciudadano” para El País; semejante promoción bastaría para explicar el triunfalismo de sus declaraciones. En cualquier caso, la libertad que se toma El País para, refiriéndose a la amnistía, decretar la victoria del Estado de derecho, pese a las “resistencias” de “la judicatura” –un Tribunal Supremo en busca de “atajos”– esa misma libertad, decimos, nos inspira conclusiones algo distintas, sin dejar de admirar el desembarazo argumental de ambos editoriales. Tiene su gracia reconocer, en el mismo párrafo, que Junts “facilitó” el inicio de la última legislatura “a cambio de la amnistía” y hablar de victoria del Estado de derecho, admitiendo además contumacia en los amnistiados –“no han mostrado intención alguna de descartar en el futuro otro movimiento como el de 2017”– y concluyendo que tal cosa “demuestra la fuerza de un sistema capaz de perdonar e integrar en él a quienes intentaron quebrarlo”.
No acabamos de verlo. No se entiende bien en qué consiste tal “integración” y, además, amnistiar no es perdonar, es pedir perdón. De hecho, esa diferencia la apreciaba muy bien El País en su editorial de 25 de octubre del año 2022, titulado Sedición y democracia[2]. Tal vez porque entonces lo que tocaba era defender los indultos de 2021. Así: “El efecto pacificador del indulto ha sido evidente en la calle y en las instituciones. Ha propiciado también que ERC se abra a una reforma del delito de sedición sin exigir ni su eliminación ni la aplicación de una amnistía imposible en democracia”.
Pero, ya se sabe, nada dura en este mundo y menos algunos editoriales. Apenas dos meses después de aquel, el “efecto pacificador” de los indultos era historia, Sánchez impulsaba en diciembre la derogación de la sedición y al año siguiente –la paz costaba siete votos–, la amnistía: esa que en octubre de 2022 era, según El País, no solo incompatible con la Constitución y el derecho europeo, sino con la mismísima democracia. En menos de un año, indultos y amnistía dejaban de ser nociones antagónicas para convertirse en fases sucesivas de la “pacificación” catalana. Se nos concederá que es una extraña victoria del Derecho la que consiste en hacer del ordenamiento un traje a medida para el delincuente.
Por lo demás, acredita una disposición temeraria acompasar líneas editoriales a los volatines de un saltimbanqui, pero cada cual elige cómo dilapidar su propio crédito. Lo que resulta ya algo más molesto es pontificar sobre las campañas electorales que “merecen” los españoles, censurando la supuesta “irresponsabilidad” de un expresidente. Son muy poco comprensibles los criterios de El País cuando, a este respecto, distingue entre “elevar la temperatura para movilizar a los ciudadanos” y –en cita explícita de Bannon– “inundar la zona de mierda”.
Se censura que Aznar haya dicho que en las próximas elecciones nos jugamos “el sistema constitucional, la unidad y la monarquía constitucional y parlamentaria que hemos conocido hasta ahora”. Es decir, se le reprocha que exprese una opinión idéntica a la que, desde el año 2023 vienen sosteniendo personalidades relevantes del mundo del Derecho, la economía, la política y de prácticamente todos los ámbitos sociales. Por ejemplo, las 255 que ese mismo año firmaron un manifiesto advirtiendo acerca de hechos “propios de democracias que se convierten en regímenes iliberales». Ese manifiesto no lo firmó Trump, lo firmaron, entre otros, exministros como César Antonio Molina, intelectuales como Adela Cortina, magistrados como Manuel Aragón, políticos como Maite Pagazaurtundúa, y periodistas como Juan Luis Cebrián. Todos ellos denunciaban la “lógica destructiva” del Gobierno, que, según ellos, había “quebrado el proyecto histórico del PSOE» y puesto en peligro tanto la Constitución como «la nación política española».
Postular un modelo plurinacional, deformar prácticas, usos y convenciones en sentido presidencialista o impulsar mutaciones constitucionales mediante leyes ad hoc implica, no solo a juicio de Aznar, encaminarse hacia un estado de cosas radicalmente incompatible con el orden constitucional vigente y, por tanto, también con la monarquía constitucional y parlamentaria “que hemos conocido hasta ahora”. Tan incompatible sería una cosa con la otra como lo eran –a juicio de El País y del Gobierno– los indultos y la amnistía hasta el preciso instante de convertirse esta última en peaje impuesto por el ciudadano Puigdemont para “facilitar la legislatura”.
Puestos a denunciar las actitudes estercolarias que están ensuciando esta precampaña, El País tenía un amplio surtido donde elegir: la manipulación de la Diputación Permanente, la falta de decoro institucional que convierte la sede del Gobierno en tribuna de arengas, las huelgas generales convocadas contra la oposición, los insultos al Parlamento y las coacciones a los parlamentarios –“nos quedamos con vuestra cara”–, la demagogia desenfrenada desde el Poder… Todo eso lo merecemos tan poco como los gobiernos sin escrúpulos, los partidos sin principios y los periódicos sin espinazo.
[1] El número tres del PSOE dice ahora que Puigdemont es un «exiliado»
[2] https://elpais.com/opinion/2022-10-25/sedicion-y-democracia.html