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In memoriam, Fátima Báñez (1967-2026)

La tragedia de Urda se ha cobrado un número inasumible de víctimas. Entre ellas se cuenta Fátima Báñez a quien desde aquí dedicamos nuestro emocionado recuerdo, como buena amiga y colaboradora que fue de esta fundación.

Cuando se cosecha tal unanimidad en los elogios a la hora de la muerte, es que no se ha vivido en vano. Fátima Báñez fue ejemplar en todo: su familia y amigos, a quienes tenemos muy presentes, conocen mejor que nadie las virtudes personales de alguien cuya humanidad trascendía al primer saludo.

Como profesional y empresaria, fue un ejemplo de competencia y de esa laboriosidad que no se ostenta, porque se traduce en obras y resultados que hablan por sí solos. Como ciudadana comprometida con un proyecto político que es el nuestro, supo defenderlo en toda ocasión con elocuencia y razones que sabía articular con lucidez. Como servidora pública, concretó sus ideas en acciones de gobierno concebidas en servicio al bien común. Supo hermanar siempre la fidelidad a convicciones arraigadas con el respeto al criterio ajeno. No necesitaba rendir culto facilón al eclecticismo de los términos medios. Saldaba las discrepancias remontando el vuelo para contemplar desde arriba las soluciones, sin rendirse a los regateos del compromiso y sin que las salpicase el polvo de la discordia.

Al frente del Ministerio de Trabajo, los españoles le debemos una medida de tan óptimos resultados como la reforma laboral de 2012, que recuperó el empleo en España cuando el país atravesaba una de sus crisis más calamitosas, devolviendo esperanza y dignidad a millones de trabajadores. Desde una cifra de más de cinco millones de desempleados en el arranque de su gestión al frente del Ministerio, Fátima dejó el cargo habiendo puesto a España como el Estado de la Unión que lideraba la creación de empleo; ya no se necesitaba crecer por encima del 2,5% para generarlo y se comenzaron a batir récords de empleo femenino reduciendo, además, en veinte puntos, el juvenil. El impacto de esa reforma posibilitó la creación de más de tres millones de nuevos puestos de trabajo y un crecimiento exponencial de la contratación indefinida.

Su figura se agiganta, por contraste, ante la ausencia de tantas virtudes que, en lo personal y lo político, hoy por hoy, brillan por su ausencia. Nos quedan su recuerdo y su ejemplo. Y la convicción de que su obra consagra el mérito de una vida de servicio a los demás.

Fátima era creyente y hoy, en su honor, esta fundación quiere rendir tributo a una amiga ausente no con la fórmula trivial de que será inolvidable su memoria, sino con la certidumbre de que su recuerdo es imperecedero porque brilla con la claridad de la luz perpetua.

Descanse en Paz.