La competitividad de la economía española: el antes y el después de la crisis (I). Déficit exterior y cuota de mercado

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La grave crisis que ha afectado a la economía mundial, y que en línea con algunos indicadores económicos de previsión, tales como el indicador IFO o el ZEW, ambos referidos a la economía alemana, todavía tiene algunos coletazos que dar, hace difícil que la recuperación de la economía española pueda basarse exclusivamente en la demanda interna. Así, la demanda externa y la competitividad son elementos claves que requieren una atención especial.

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La grave crisis que ha afectado a la economía mundial, y que en línea con algunos indicadores económicos de previsión, tales como el indicador IFO o el ZEW, ambos referidos a la economía alemana, todavía tiene algunos coletazos que dar, hace difícil que la recuperación de la economía española pueda basarse exclusivamente en la demanda interna. Así, la demanda externa y la competitividad son elementos claves que requieren una atención especial.

Responder a interrogantes como: ¿es la economía española una economía competitiva?, ¿ha logrado mejorar su competitividad como consecuencia de la crisis?, de ser así, ¿qué factores son los que han ayudado a esa mejora de la competitividad?, ¿qué pueden hacer las instituciones y organismos públicos para hacer de España un país cada vez más competitivo?, es el objetivo de una breve serie de documentos de análisis económico dedicados al estudio de la competitividad, los factores de los que depende, así como las políticas para impulsarla.

Cuando se habla de competitividad se puede hacer desde dos puntos de vista. Así, es posible hablar de competitividad interna, que hace referencia a la capacidad de las empresas para ampliar su cuota de mercado en el mercado nacional, y de competitividad externa, concepto más amplio y complejo, vinculado al saldo de la balanza comercial y a la capacidad del país para vender en mercados extranjeros. Es precisamente este último concepto de competitividad el que merece nuestra atención.

España es un país tradicionalmente caracterizado por la existencia de un fuerte déficit comercial que pone de manifiesto nuestra dependencia del exterior. Pero mientras existe un fuerte déficit en lo que al comercio de bienes se refiere, el de servicios ha presentado siempre superávit.

 

Saldo de la balanza por cuenta corriente de la economía española

(Datos en porcentaje del PIB)

Fuente: Eurostat (2014)

 

Esta dependencia exterior que caracteriza a España sólo ha logrado superarse, o al menos recuperarse parcialmente, en los periodos de crisis, en parte debido a nuestra menor capacidad importadora y en parte por las devaluaciones que con fines competitivos han aplicado los diferentes gobiernos. El problema surge cuando las laxas políticas monetarias aplicadas durante el periodo de expansión favorecieron las importaciones y el endeudamiento de la economía española, y porque la moneda única no nos ha permitido recurrir, durante el periodo de crisis, a las tradicionales devaluaciones que se adoptaron en 1967, 1976, 1982 y 1992. Surge entonces la duda sobre qué factores han favorecido la recuperación que se observa en el sector exterior de la economía española.

En este sentido cabe señalar que la recuperación del sector exterior se ha logrado gracias tanto a un crecimiento de las exportaciones como a una reducción de las importaciones, más de la partida de bienes que de la de servicios. En definitiva, la recuperación del saldo exterior pasa irremediablemente por mejorar la competitividad de la economía con independencia del modo en que ésta se logre. Ahora bien, a falta de las devaluaciones es necesario analizar cómo ha logrado España recobrar su competitividad.

En los próximos documentos nos iremos ocupando del papel que la productividad de la mano de obra, los costes laborales, el tipo de cambio efectivo real, los diferenciales de inflación, el tamaño empresarial o la flexibilidad del mercado de trabajo y del mercado de bienes, entre otros, han podido jugar en el proceso de recuperación de la competitividad de la economía española.

No obstante, y antes de dar por cerrado esta primera entrega, cabe preguntarse si la recuperación de la competitividad ha supuesto, en el caso de la economía española, no sólo un aumento de sus exportaciones, sino también de su cuota de mercado. En este orden cabe señalar que, aunque la mejora competitiva y exportadora no nos ha ayudado a ganar cuota en el mercado mundial, sí nos ha permitido, al menos en el caso de los bienes, aunque no tanto en el de los servicios, perder menos cuota que otros países de nuestro entorno. Así, sólo logran mejores resultados Estados Unidos, que aumenta su cuota desde 2007, y Portugal, Grecia y Dinamarca, que pierden cuota, aunque menos que España.

 

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