La doble muerte del socialismo francés

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El socialismo francés ha muerto en dos fases. La primera, electoral, ha sido la abrumadora derrota –hasta la práctica aniquilación– cosechada en las recientes elecciones presidenciales bajo la candidatura del Partido Socialista de Anne Hidalgo. La segunda, muerte política, se certifica en el acuerdo de frente popular liderado por Jean Luc Melenchon de La Francia Insumisa. A cambio de aferrarse a una participación de náufrago en los escaños que obtenga el frente de Melenchon en las próximas elecciones legislativas, los socialistas han entregado su alma suscribiendo unas posiciones antieuropeas, ultras de izquierda y antisistema, en compañía de lo más radical del panorama político francés.

¿Quién iba a pensar que el partido de Mitterrand, Delors, Rocard y Jospin se alinearía con las propuestas de abandono de la OTAN, de equidistancia –en el mejor de los casos– ante la invasión rusa de Ucrania y de desobediencia a la Unión Europea? Tan dados a aleccionar a los demás sobre el buen europeísmo, el socialismo tiene a partir de ahora un grave problema de credibilidad. El Partido Socialista francés, en su alianza frentepopulista con los antisistema de izquierda, se convierte en el mejor acompañamiento que la señora Le Pen podía desear para sus diversas cruzadas, desde el rechazo al compromiso militar de la OTAN en el apoyo a Ucrania hasta su afán por deconstruir la Unión Europea.

El objetivo de este frente popular es conseguir unos resultados que obliguen a Macron a aceptar a Melenchon como primer ministro, de modo que se abra un periodo de insólita cohabitación con la vista puesta en la próxima elección presidencial dentro de cinco años, a la que Macron ya no podrá presentarse.

La propuesta estatista y radical de Melenchon tiene su público. Lo que resulta imposible de explicar de una manera mínimamente razonable es qué viabilidad podría tener semejante programa en una economía como la francesa donde el peso del sector público supera ya el 60 %. Que los socialistas asientan a la disparatada propuesta programática de Melenchon les sitúa en un camino sin retorno. El truco tan habitual en la izquierda de justificar todos sus disparates y sus peores compañías siempre que sean “antifascistas” se encuentra ampliamente desacreditado por la historia y especialmente en Francia, donde la apelación al antifascismo fue la gran tragadera a la que recurrió una buena parte de la izquierda para justificar que mirase a otra parte mientras se revelaba la dimensión del Gulag soviético.

No hay que esperar que los escandalizados profesionales ante las jeremiadas habituales de la derecha populista contra Europa empleen el mismo vigor político e intelectual en la denuncia del camino tomado por el Partido Socialista francés, lo que hace más grave aún el riesgo al que se enfrenta el proyecto europeo. La victoria de Macron conjuró el peligro de Le Pen. El antieuropeísmo antisistema lo vuelve a intentar, instalado ahora en la izquierda ultra y antisistema de Melenchon, en la que el socialismo francés ha decidido aceptar el humillante papel de comparsa.