La rusofilia y la rusofobia de Carles Puigdemont

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La implosión del “proceso” propició que parte del independentismo catalán sucumbiera a la tentación de pedir auxilio a la Rusia de Vladímir Putin. Lo explican Michael Schwirtz y José Bautista –redactores del The New York Times– cuando afirman que el independentismo catalán “había sido en gran parte derrotado tras un referéndum” al tiempo que la Unión Europea y Estados Unidos “apoyaban los esfuerzos de España para mantener el país intacto” después de “haber rechazado los pedidos de ayuda de los separatistas”. Así las cosas, concluyen los autores, para el independentismo “en Rusia una puerta se abría” (“Una pareja de espías del Kremlin, una sospechosa misión a Moscú y agitación en Cataluña”, edición española del The New York Times, 3/9/2021). Carles Puigdemont, expresidente de la Generalitat de Cataluña, huido de la Justicia, sería el impulsor de dicha aproximación a Rusia. La versión independentista del hecho –que niega cualquier aproximación a Rusia– no habla de Carles Puigdemont sino del “entorno” del mismo.

La carta del interés mutuo

¿Por qué la Rusia de Putin? Ante la implosión del “proceso, Carles Puigdemont, o su entorno, estarían dispuestos a jugar la carta del utilitarismo político fundamentado en el interés mutuo. Un do ut des en el cual la Cataluña independiente podría ofrecer a Vladímir Putin un par de cosas: la posibilidad de desestabilizar a la Unión Europea; la posibilidad de arrendar o ceder algunos de los puertos catalanes estratégicamente situados en el Mediterráneo occidental.

Vladímir Putin, en justa reciprocidad, reconocería la independencia de Cataluña –también lo harían algunas ex repúblicas soviéticas– y auxiliaría a la Republica catalana con un contingente militar y una miríada de bots propagandísticos en pro de la República catalana y en contra de España. ¿Un protectorado en la Europa occidental? A ello, habría que añadir la infraestructura necesaria para diseñar una república digital en Cataluña. Al respecto, me remito al programa autonómico de JpCat (2017) y a un libro de Jordi Puigneró, que entonces era consejero de Políticas Digitales y Administración Pública y hoy es vicepresidente del Gobierno de la Generalitat. Del programa: “constitución de la primera república nativa digital”, “propuesta innovadora de la República Digital del siglo XXI” y “proyecto de Estado Digital”. Del libro de Jordi Puigneró (El 5è poder. La República digital a les teves mans, 2020) conviene destacar una frase del epílogo en donde Carles Puigdemont se plantea la constitución de “una Cataluña digital en forma de república”. Palabras de Jordi Puigneró en su visita a Carles Puigdemont en Waterloo (2017): “Presidente, tenemos motivos para la esperanza. Éste será un siglo digital y ciudadano”. A Carles Puigdemont “le entusiasmó la idea”.

Rusofilia y antieuropeísmo

Conviene señalar el esfuerzo rusófilo –la rusofilia como instrumento– realizado por un Carles Puigdemont que “en los últimos meses ha venido concediendo entrevistas a los medios oficiales rusos en los que expresaba posiciones que agradaban al Kremlin y le alejaban de los consensos en la UE sobre cuestiones como la anexión de Crimea o la guerra en el Este de Ucrania, apoyando públicamente la integración de ambos territorios en la Federación Rusa… las críticas contra Bruselas [Carles Puigdemont: la UE ‘ha dejado de ser el líder indiscutible de la democracia’] serán bien recibidas en el Kremlin, enfrentado desde el 2014 con la UE precisamente a raíz de la guerra de Ucrania y del apoyo del Estado ruso a fuerzas políticas ultranacionalistas y ultraderechistas europeas” (Marc Marginedas: Declaraciones a Komsomólskaya Pravda reproducidas en elperiodico.com. “Puigdemont arremete contra la UE en los medios rusos”, 27/10/2019).

Una rusofilia y un antieuropeísmo que, con la invasión de Ucrania, se transforman, de repente, en rusofobia y proeuropeísmo. ¿Una rusofobia y proeuropeísmo sobrevenidos y oportunistas? Palabras de Carles Puigdemont: “La guerra, el horror y la amenaza en Europa: el desafío es gravísimo y de terribles consecuencias. La UE debe reaccionar con mayor firmeza, unidad y decisión ante esta violación del derecho internacional” (tuit, 24 febrero de 2022).

Las amistades peligrosas y sus consecuencias

Las relaciones entre Carles Puigdemont, o su entorno, con Rusia pueden tener consecuencias –más allá de las declaraciones de Gabriel Rufián, conocidas de antemano por la dirección de ERC– sobre la política catalana y la española. Por de pronto, aumenta la brecha entre ERC y Junts, supone otra victoria de ERC sobre Junts en el pulso por ocupar el espacio del independentismo moderado, permite que ERC marque perfil democrático –los republicanos no cayeron en la tentación rusa– frente al Junts que habría coqueteado con la Rusia que hoy invade Ucrania, y facilita el acercamiento –elecciones municipales en el horizonte– de ERC con el PSC y los comunes. Por lo demás, las amistades peligrosas de Carles Puigdemont, o su entorno, podrían perjudicar también a una ERC corresponsable en tanto que formaba parte del Gobierno de la Generalitat de la época.

El acercamiento a Rusia desprestigia todavía más a un Carles Puigdemont que ha devenido un incordio para todos. Molesta a ERC porque, además de tildarles de incompetentes, se empeña en jugar un papel –el presidente legítimo– que no le corresponde. Molesta a Junts porque es una fuente de conflicto y división entre los suyos, que no saben qué hacer con el personaje. Molesta a ERC, Junts y la CUP porque les dice que son unos incapaces al no haber definido la estrategia de la independencia. Por si fuera poco, Carles Puigdemont ha constituido un fantasmal Consejo por la República que, en una votación a la rusa, le ha investido presidente de la cosa. Un Consejo que igualmente molesta a todos si tenemos en cuenta que pretende tomar la iniciativa, sin esperar a los partidos, con el plan Preparémonos. ¡Recuperemos la iniciativa! Ítem más: Carles Puigdemont es una carga para el PSOE porque el independentismo todavía tiene in mente una modificación pro reo del Código Penal en beneficio del fugado.

No se romperá la coalición ERC/Junts

La cuestión: ¿se romperá la coalición ERC/Junts que gobierna en Cataluña? Difícilmente, porque ni uno ni otro están dispuestos a renunciar al control del presupuesto público catalán, a renunciar a la administración de los fondos europeos, a renunciar –paradigmático ejemplo de puertas giratorias en el seno de la Administración autonómica– a un hinchado sottogoverno partidista, a renunciar al poder que tienen en el Congreso de los Diputados –que se podría perder si hubiera elecciones autonómicas adelantadas– vía apoyo al Gobierno de Pedro Sánchez. Muy probablemente, la ruptura llegará –hay que marcar perfil distanciándose del adversario– antes de la celebración de las elecciones autonómicas en Cataluña.

¿Lo volverán a hacer?

El 16 de febrero de 2022, Carles Puigdemont –no su entorno–, en la Eurocámara, se abstuvo de votar una propuesta para el envío urgente de 1.200 millones de euros –préstamos y subvenciones– a Ucrania con la finalidad de reforzarla ante la escalada del Kremlin. Una semana después se produjo la invasión de Ucrania y la llamada guerra de Putin.

El 24 de febrero de 2022, día en que empezó la invasión y la guerra, Carles Puigdemont –como ya se dijo antes– publicó el siguiente tuit: “La guerra, el horror y la amenaza en Europa: el desafío es gravísimo y de terribles consecuencias. La UE debe reaccionar con mayor firmeza, unidad y decisión ante esta violación del derecho internacional”.

El 17 de marzo de 2022, ya en plena invasión y guerra, el portal mundo.sputniknews.com (fuente: “Sputniknews trata con deferencia a Carles Puigdemont mientras apoya la invasión de Ucrania”, elTriangle.es, 18/3/2022), con sede en Moscú, reproducía parte de un artículo de Carles Puigdemont en donde negaba las reuniones con dirigentes del Kremlin para promocionar la independencia y concluía que ello se debía a una mera manipulación con el objetivo de desacreditar o atacar la reputación del movimiento independentista (La Vanguardia, “Catalunya y el reconocimiento internacional”, 17/3/2022).

De todo ello se desprende una duda: ¿el vaivén se debe al oportunismo y al cálculo utilitarista, fundado en el interés mutuo, de unos y otros? Y una sospecha: ¿lo volverán a hacer?


Miquel Porta Perales es crítico y escritor