One Nation Laborism

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Benjamin Disraeli, dos veces primer ministro de Gran Bretaña en la segunda mitad del siglo XIX, fue el padre de la “democracia tory”, un proyecto político que proporcionó al Partido Conservador audiencia entre la clase trabajadora.

Profesor titular de Ciencia Política de la Universidad Autónoma de Madrid

 

Benjamin Disraeli, dos veces primer ministro de Gran Bretaña en la segunda mitad del siglo XIX, fue el padre de la “democracia tory”, un proyecto político que proporcionó al Partido Conservador audiencia entre la clase trabajadora, hasta entonces alejada del mismo. Esta democracia conservadora la articuló en torno a la idea de una nación unida por encima de las diferencias de clase. Y esta nación “una” la contrapuso a la fuente del conflicto y la disensión: la existencia de dos naciones, la de los ricos y la de los pobres. Desde entonces, este proyecto de nación unida ha formado parte de la tradición del Partido Conservador y ha encontrado diferentes encarnaciones a lo largo de la historia. Por no ir muy lejos, el Partido Conservador hizo de esta idea de una nación unida donde los ricos socorren a los pobres porque todos forman parte de una empresa común, el argumento con el que apoyó el Estado del bienestar británico hasta su crisis en 1979.

Por su parte, David Cameron, intentando quitarse el estigma de la falta de humanidad de las políticas de Thatcher, también ha exhumado esta tradición para retratar su política. Sorprendentemente, desde sus socios de gobierno liberales –demócratas– pero, sobre todo, desde el principal partido de la oposición, el Partido Laborista, recibió la respuesta de que no eran los conservadores quienes encarnaban la defensa de una nación unida en los momentos difíciles sino ellos. Para los laboristas, Cameron no es sino el líder del partido de los ricos. Dado el paso de la reivindicación del espíritu de la nación “una” para su causa, el Partido Laborista liderado por Ed Miliban ha hecho de la nación unida la bandera de un nuevo proyecto laborista: “One Nation Laborism”.

En Gran Bretaña circulaba la broma de que Ralf Miliband, el famoso pensador marxista, señera imagen de la nueva izquierda británica, había profetizado en sus obras que la clase obrera jamás gobernaría en Gran Bretaña. Dicho lo cual se añadía que sus hijos se estaban ocupando denodadamente de que la profecía fuera cierta. David Miliband, el mayor, militó en el Nuevo Laborismo de Blair, ese intento de llevar la socialdemocracia al liberalismo, y formó parte del gabinete de Gordon Brown como ministro de Asuntos Exteriores. Todos los pronósticos hacían de él el futuro líder del partido laborista. La profecía de su padre estaría protegida en manos de un laborista liberal.

Así parecía hasta que su hermano Ed le desafió en la pugna por el liderazgo laborista. Con el apoyo del ala izquierda del partido, y con el poderoso apoyo de los sindicatos, Ed “el Rojo” se hizo con el liderazgo laborista. La profecía de su padre se tambaleaba porque el laborismo parecía bascular nuevamente hacia el populismo de la lucha de clases. Abandonada la Tercera Vía se atisbó que la clase trabajadora sería de nuevo el sujeto predilecto del partido.

Pero desde finales del año pasado la vieja profecía se vio confirmada. Ed dejó de ser “el Rojo” para reivindicar el legado del viejo Benjamin Disraeli, y se lanzó con gusto a hablar en la confiada lengua victoriana: “Cada vez que Gran Bretaña ha enfrentado un gran desafío, ha salido adelante porque era una nación unida (…) ganamos la guerra porque éramos una nación, construimos la paz porque éramos una nación. Para sobrellevar la tormenta, para superar los desafíos que enfrentamos, debemos redescubrir ese espíritu que los británicos nunca han olvidado, el espíritu de una nación unida”.

Todavía está por ver si la pirueta ideológica de Ed Miliband tiene recorrido electoral, pero esta carrera hacia el centro político levantando la bandera de Disraeli, apelando a una nación de la que todos forman parte, no deja de sorprender viniendo de un político cuyo liderazgo forjaron los sindicatos. Puede que la explicación de la mudanza esté en que los laboristas sinceramente crean que un discurso nacional es lo que necesita la afligida Gran Bretaña de las crisis. Pero también pudiera ser que el cambio de Ed encuentre su fundamento en que los trabajadores británicos desertan hoy del populismo de la lucha de clases para abrazar el populismo nacionalista y que, por tanto, el nuevo discurso de la nación de Miliband busque no tanto realizar esa comunidad integrada con la que soñaba Disraeli sino hacer resonar en el laborismo el populismo fácil del nacionalismo. En cualquier caso, sea un discurso nacional o nacionalista, para alcanzar el gobierno necesitará de una solidaridad interclasista que hará que la profecía del padre quede de nuevo salvaguardada.