Salvar la libertad de expresión en un mundo diverso, digital y complejo requiere una conversación global

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Migración y tecnología “suponen un desafío, porque cuando la información viaja en Internet pierde contexto” y “crea malentendidos y manipulaciones”

Libertad y tolerancia van de la mano. En ausencia de tolerancia, en cuanto a capacidad de vivir con discursos que nos parecen ofensivos, no hay libertad”

“Los musulmanes en Europa tienen que redefinir la blasfemia y la abjuración de manera compatible con una realidad multirreligiosa en una sociedad libre”

Zarzalejos: “La violencia deja sin sentido el debate sobre los límites a la libertad de expresión y lo sitúa en los límites a quienes quieren acabar con ella”

“El único debate que no debemos aceptar es el que parte de que la lealtad a las creencias es incompatible con la lealtad a nuestra condición de ciudadanos libres”

Álvarez de Toledo: “Combatir el miedo y apoyar rotundamente a quienes lo combaten es nuestra gran obligación moral”

El editor del diario danés Jyllands-PostenFlemming Rose, ha asegurado hoy que salvar la libertad de expresión “en este diverso, digital y complejo mundo” requiere “una conversación global”, en tanto que “la libertad de expresión es una cuestión común”. Sin embargo, ha lamentado que “estamos yendo en la dirección contraria y tenemos cada vez menos debate y más fragmentación”. Acompañando a Rose han intervenido el secretario general de FAES, Javier Zarzalejos, y la directora del Área de Internacional de la Fundación, Cayetana Álvarez de Toledo.

En una conferencia en la Asociación de la Prensa sobre las amenazas globales que enfrenta la libertad de expresión, Rose ha puesto el foco en Europa y en el contexto de la globalización, señalando que “el debate de la libertad de expresión es un debate global, siempre el mismo, se produzca donde se produzca”. “El debate es sobre cómo se protege la libertad de expresión y qué tipo de consideraciones se ponen en equilibrio”, ha dicho. “A lo largo de la historia ha habido dos principios en confrontación, la libertad de expresión y la libertad de expresión con ‘peros’, que es la que ha prevalecido”, ha señalado.

Las dos características actuales que afectan al debate, ha apuntado, son la migración, que hace que “la sociedades sean más complejas y diversas”, y la tecnología, que provoca que “lo que se ha publicado en un pequeño país en un idioma que poca gente entiende es accesible en todo el mundo y conlleva una reacción política”. Migración y tecnología, por tanto, “suponen un desafío, porque cuando la información viaja en Internet pierde contexto” y “crea malentendidos y manipulaciones”.

“El único derecho que no tiene cabida en una democracia es el derecho a no ser ofendido”, ha manifestado Rose, que ha dicho “es el precio que tenemos que pagar por la libertad de expresión”. A su juicio, “la encrucijada que plantea el debate sobre los límites a la libertad de expresión solo puede ser resuelta por dos vías”. “Podemos acordar ‘si aceptas mi tabú, yo acepto el tuyo’, un aparentemente educado principio que da lugar a una tiranía del silencio que acabará por asfixiar a libertad de expresión, o podemos preguntarnos cuáles son los límites y concluir que solo hay un límite clave: incitar a la violencia”, ha explicado.

LIBERTAD Y TOLERANCIA
Para Rose, ganar la batalla de la libertad de expresión pasa por un “reaprendizaje de conceptos, como el vínculo entre libertad y tolerancia y la distancia entre decir y hacer”. “Libertad y tolerancia van de la mano”, ha apuntado antes de alertar de que “hay una falta de tolerancia sistemática en todas las sociedades” y que “a mayor tensión entre libertad y tolerancia, mayor amenaza para la democracia occidental”.  “La tolerancia, en cuanto representa la capacidad de vivir con discursos que aborrecemos o nos parecen ofensivos, carece de sentido si no puedes decir lo que el otro no quiere escuchar. En su ausencia, se pierde libertad, porque en última instancia solo querrás escuchar aquello con lo que estés de acuerdo”, ha valorado.

A juicio de Rose, por tanto, “los musulmanes en Europa tienen que enfrentar la cuestión de la blasfemia y la abjuración y redefinir ambos conceptos de manera compatible con una realidad multirreligiosa en una sociedad libre”.

“El santo y seña de la civilización occidental es que resolvemos nuestras diferencias con palabras y no con hechos violentos”, ha señalado también Rose. Sin embargo, ha lamentado que “esta distancia entre palabras y hechos se está socavando”, lo que “nos devuelve a la Edad Media”. En este sentido, Rose se ha manifestado en contra de las legislaciones que prohíben expresar opiniones “contrarias a la verdad oficial”, en la medida en que “en muchas partes del mundo sirven para tapar la boca a críticos y disidentes”.

MARCO CONSTITUCIONAL
El secretario general de FAES, Javier Zarzalejos, ha asegurado por su parte que “el único debate que no debemos aceptar es el que parte de que la lealtad a las creencias es incompatible con la lealtad a nuestra condición de ciudadanos libres”. Por el contrario, a su juicio, el debate público debe permitir “hacer juicios de valor, no tomar por igualmente respetables ideas que no lo son y tener lugar en el marco constitucional” de las sociedades democráticas.

“La violencia, la imposición del silencio, dejan sin sentido el debate sobre los límites a la libertad de expresión y lo sitúa en los límites que les debemos poner a quienes quieren acabar con ella”, ha afirmado en su intervención. “La libertad de expresión es un bien escaso y amenazado en torno al que aún hoy se libran batallas”, ha dicho Zarzalejos, para quien “su defensa es un desafío que nos incumbe a las sociedades occidentales, por solidaridad con quienes las libran y porque nosotros también tenemos que librarlas”.

Zarzalejos ha fijado como parte del debate público sobre libertad de expresión cuestiones como “la posibilidad de un islam que abrace la secularidad de las sociedades europeas, el papel de la izquierda, los límites del multiculturalismo y los desafíos que plantean las nuevas tecnologías”.  “El paradigma occidental del que nos beneficiamos y del que somos depositarios se fundamenta es una idea precisa de la libertades y de su garantía”, ha dicho, y ha rechazado los “reproches de dogmatismo y eurocentrismo” que, a su juicio, se le hacen a quienes trabajan por la extensión de dichas libertades.

AUTOCENSURA
Durante su introducción del curso de Internacional, la directora de esta Área en la Fundación, Cayetana Álvarez de Toledo, ha subrayado que “el valor básico de una sociedad abierta es la libertad de expresión” y que “hay que hacerle frente al miedo”, porque es “lo que socava las sociedades abiertas”. En este sentido, ha señalado que “el miedo es parte del ser humano y de cualquier sociedad pero hay que hacerle frente. Ya no viene impuesto, sino que también se extiende de forma mucho más sigilosa, viscosa, en forma de autocensura”.

A su juicio, hay tres tipos de grupos en todas las sociedades, “los creyentes en las ideas del miedo, los que quieren someter; los disidentes, los que luchan por defender la verdad con coraje, y la gran mayoría de la gente, la mayoría social, que por miedo a las consecuencias no se atreve a alzar la voz”. Así, se ha referido a Rose como “el disidente entre los disidentes”, y ha afirmado que “combatir el miedo y apoyar rotundamente a quienes lo combaten es nuestra gran obligación moral, en Oriente Medio, en Venezuela, en Cuba, en Europa y, por supuesto, en España”.