Sarkozy o el síntoma de la desorientación y la fragmentación conservadora en Francia

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El pasado sábado 29 de noviembre, la Unión para la Mayoría Popular (UMP) eligió mediante un proceso interno al nuevo presidente de la formación. La UMP ponía final al triunvirato provisional que venía dirigiendo la formación política francesa desde la dimisión de Jean-François Copé por las presuntas ilegalidades cometidas en la financiación de la campaña electoral de 2012. Pero además la UMP buscaba con esta campaña interna volver a reunir a los militantes en torno a una nueva plataforma política que impulsase la “candidatura inevitable” para las elecciones presidenciales de 2017, es decir, la vuelta de Nicolas Sarkozy al palacio del Elíseo ante la decadencia del Partido Socialista Francés y del actual presidente François Hollande, hundido a todos los niveles de valoración pública.

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El pasado sábado 29 de noviembre, la Unión para la Mayoría Popular (UMP) eligió mediante un proceso interno al nuevo presidente de la formación. La UMP ponía final al triunvirato provisional que venía dirigiendo la formación política francesa desde la dimisión de Jean-François Copé por las presuntas ilegalidades cometidas en la financiación de la campaña electoral de 2012. Pero además la UMP buscaba con esta campaña interna volver a reunir a los militantes en torno a una nueva plataforma política que impulsase la “candidatura inevitable” para las elecciones presidenciales de 2017, es decir, la vuelta de Nicolas Sarkozy al palacio del Elíseo ante la decadencia del Partido Socialista Francés y del actual presidente François Hollande, hundido a todos los niveles de valoración pública.

Para ello se planteó una campaña mediática que recordase a las formas de unas primarias americanas: tres candidatos (el claro favorito desde el inicio, Nicolas Sarkozy, el exministro de Agricultura Bruno Le Maire y el diputado Hervé Mariton), una veintena de mítines por todas las regiones francesas, amplia cobertura mediática y en las redes sociales y, con un toque de modernidad, eliminar las urnas en las sedes del partido para pasar a una votación por internet abierta a todos los militantes, un total de 268.000, que pudieron votar telemáticamente durante 24 horas (desde las 20 horas del viernes hasta las 20 horas del sábado) usando las claves que recibieron por correo ordinario en sus domicilios. Aunque el desarrollo de la votación no pudo ser demasiado tranquilo, ya que se unieron las dudas ante lo novedoso del proceso de participación de las bases con un ciberataque externo que llevó a los dirigentes a presentar un pleito ante los tribunales, finalmente todo pudo solucionarse y las votaciones concluyeron satisfactoriamente la noche del sábado.

Los resultados fueron poco sorprendentes: la participación fue un poco más baja de lo esperado, con el 58,1% de los votos emitidos (155.801 sufragios válidos); el expresidente Sarkozy se impuso claramente, con un 64,5% de los votos; segundo fue Bruno Le Maire, con el 29,18%, y Hervé Mariton solamente pudo reunir el 6,32%.

Parece clara la victoria, pero ¿es todo como parece a simple vista? No tanto. Sarkozy ya se presentó a la presidencia de la UMP en 2004, cuando alcanzó casi el 85% de los votos de los militantes. Además, en aquel momento Sarkozy era el popular ministro del Interior que luchaba contra el aparato del partido frente a los restos de las viejas formas de hacer política de Jacques Chirac y la política elitista de Dominique de Villepin. Ahora, diez años más tarde, es el expresidente conservador que perdió las elecciones contra una figura sin experiencia ni carisma como François Hollande; ha llevado a su partido a la ruina económica y a los tribunales por los problemas de gestión de su campaña electoral de 2012; hace gala de un discurso cada vez más conservador que le lleva a colisionar con el Frente Nacional de Marine Le Pen por los votantes conservadores y a olvidar el centro, como bien ha remarcado Le Maire durante esta elección. El expresidente ha defendido la abolición del matrimonio homosexual, la revisión del Tratado de Schengen y la devolución de competencias de la UE a los Gobiernos de los Estados nacionales, lo que le ha aproximado demasiado al programa que defiende Le Pen para las elecciones de 2017.

Además, Sarkozy no ha sido neutral hasta ahora en la gestión del partido, ya que lo dejó en manos de su hombre de confianza, Jean François Copé, al que ahora le unen los problemas con la Justicia; si bien el tema más grave, el del dinero para financiar la UMP que recibieron ambos personalmente de Liliane Bettencourt, la dueña del imperio L’Oreal, ha quedado aclarado ante los tribunales. Pero la mala gestión económica de ambos todavía no se ha olvidado en el partido, que en la actualidad sigue lastrado por las deudas.

Todo ello hace que, a día de hoy, Sarkozy aparezca como un líder que genera muchas dudas en la tarea de unir al partido en torno a su figura política de aquí a 2017, dado que si la UMP quiere ganar las elecciones deberá estar más unida y movilizada, y buscar al candidato de mayor consenso y mejores expectativas electorales. Y aquí es donde aparecen figuras más centristas, como Le Maire, o más respetadas por los franceses, como Alain Juppé, alcalde de Burdeos y ex primer ministro. Las encuestas dicen que Sarkozy puede ganar unas elecciones a Marine Le Pen, pero el resultado está muy ajustado y cualquier novedad judicial en sus asuntos pendientes puede hacer que Francia caiga en manos del FN, lo que no da muchas garantías a la UMP. La derecha republicana francesa, rural y conservadora, pero abierta a Europa y a la inmigración ordenada, se presenta ahora fragmentada y desorientada sobre su futuro, lo que facilita el auge del populismo pragmático de Marine Le Pen. Ante este panorama, ¿será Sarkozy el mejor para llevar a la UMP a la unidad y a la victoria? No lo tiene nada fácil, ni dentro ni fuera de su partido.

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