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Trump en Irán: una operación plagada de incógnitas

En las ruedas de prensa para informar del curso de la operación Epic Fury, los números ofrecidos por el secretario de Defensa, Pete Hegseth, el general Dan Caine y el almirante Brad Cooper resultan apabullantes. Con la llegada del decimotercer día de la campaña, las fuerzas combinadas de Israel y Estados Unidos habían atacado más de 15.000 objetivos en Irán, lo que supone más de 1.000 objetivos al día.1 Desde el Pentágono se calcula que miles de soldados iraníes, en su gran mayoría pertenecientes a la Guardia Revolucionaria, han fallecido en los bombardeos.2 En lo que respecta a la marina iraní, más de 60 navíos han sido hundidos en los primeros trece días de la campaña.

Si comparamos estas cifras con las bajas sufridas por Estados Unidos e Israel, el balance numérico arrojaría una clara victoria para la coalición: 17 muertes israelíes y 13 estadounidenses. En cuanto a las pérdidas materiales estadounidenses, se contabilizan cuatro aviones destruidos: tres cazas F‑15 y un avión cisterna KC‑135, ninguno derribado por fuego enemigo. El principal golpe logrado por Irán contra las fuerzas estadounidenses ha sido la destrucción de un radar del sistema de defensa antiaérea THAAD desplegado en Jordania, así como de un radomo esférico en Bahréin.

El éxito de una ofensiva militar, sin embargo, no se mide en números. En la guerra de Vietnam murieron 58.281 soldados estadounidenses frente a más de medio millón de combatientes de Vietnam del Norte y del Viet Cong. En la guerra de Argelia, los franceses perdieron unos 20.000 soldados frente a los más de 140.000 del FLN. En ambos casos, la destrucción ocasionada por estadounidenses y franceses fue incomparablemente mayor que la de sus adversarios; pese a ello, no lograron prevalecer en ninguno de los dos escenarios. La razón es que la victoria en una guerra depende de la capacidad de imponer la voluntad propia al adversario y de alcanzar objetivos políticos. Las operaciones militares son únicamente un medio para lograr dichos objetivos; por tanto, resulta hasta cierto punto menor el número de bajas infligidas al enemigo si esto no acerca al propósito final.

La definición de la meta estratégica es esencial para evaluar el éxito de una campaña militar. La Alemania nazi destruyó y capturó ejércitos soviéticos enteros en la segunda mitad de 1941, pero ese impacto numérico no la acercó a su objetivo de forzar una derrota o la rendición soviética. El problema de la operación Epic Fury es que su finalidad última no está claramente definida. Desde su comienzo el 28 de febrero, Trump, Netanyahu y varios miembros de sus gobiernos han enunciado objetivos diversos: degradar las capacidades nucleares y de misiles balísticos iraníes; desmilitarizar Irán; provocar un cambio de liderazgo dentro del régimen; o incluso favorecer un cambio de régimen. Estos objetivos, que van desde los más limitados hasta los más ambiciosos, son incluso contradictorios entre sí. No es lo mismo plantear una operación militar para favorecer un cambio de régimen que para facilitar un relevo interno. Además, cada uno de estos objetivos requiere niveles muy diferentes de medios, tiempo y recursos militares.

Políticamente, exponer varios objetivos simultáneamente y no clarificar cuál es el propósito final impacta de forma decisiva en la percepción de la opinión pública. Si Trump obtiene una victoria rotunda y destruye las capacidades militares de Irán sin sufrir grandes bajas, aun así, la ciudadanía estadounidense podría percibirlo como un fracaso si no se logra un cambio de régimen. Esta confusión también dificulta el respaldo social a la campaña. Es improbable que una mayoría apoye el ataque si desconoce qué se pretende con él. Que Trump, además, haya fijado plazos públicos para el fin de las operaciones complica más el desarrollo de la campaña: anunciar de antemano la duración aproximada de una ofensiva convierte esa información en un recurso útil para el enemigo y limita el margen de maniobra propio.

Las cuatro o cinco semanas anunciadas por Trump podrían ser suficientes para degradar de forma significativa las capacidades militares iraníes, pero difícilmente bastarían para desmilitarizar al régimen, forzar un relevo interno favorable a Washington o provocar un colapso político. Existen pocos ejemplos históricos de campañas exclusivamente aéreas que hayan logrado un cambio de régimen.

En cuanto a campañas aéreas exitosas, hay dos precedentes cercanos: Yugoslavia en 1999 y Libia en 2011, ambas lideradas por la OTAN. El primer caso facilitó la caída de Milošević —no un cambio de régimen completo, pero sí un cambio radical dentro del mismo—, y el segundo terminó con la caída de Gadafi y el colapso de su régimen. Sin embargo, en Yugoslavia y Libia ya había fuerzas aliadas sobre el terreno y ambos países se encontraban inmersos en conflictos armados. Nada de esto es aplicable a Irán, donde no existen aliados armados ni una guerra civil que facilite un cambio político.

Además, la comparación territorial y demográfica es esclarecedora: Yugoslavia tenía 102.173 km², Libia 1,7 millones, y Irán 1,64 millones de kilómetros cuadrados, pero en Libia la población se concentraba en una estrecha franja costera que representaba apenas el 10% del territorio. Irán presenta, en cambio, una distribución poblacional y militar ampliamente dispersa, lo que complica enormemente la acción aérea. En población, Yugoslavia contaba con 10,5 millones de habitantes y Libia con 7 millones, frente a los más de 90 millones de Irán, lo que convierte a la República Islámica en un adversario mucho más formidable.

Es significativo que las campañas aéreas contra Yugoslavia y Libia —con territorios más manejables, poblaciones menores y la presencia de aliados locales— requirieran 79 y 226 días de bombardeos, respectivamente, para alcanzar sus objetivos. Comparar esta duración con los 30 o 37 días que Trump ha establecido para su campaña, mucho más compleja, muestra la dificultad de lograr los objetivos más ambiciosos de Epic Fury. Si consideramos el caso de la campaña contra el Estado Islámico, donde sí hubo fuerzas sobre el terreno y apoyo internacional, las operaciones relevantes duraron varios años.

Es cierto que las capacidades militares de Irán están siendo degradadas con rapidez: el número de misiles balísticos lanzados desde los primeros días de la guerra se ha reducido en más de un 90%, y el número de drones en un 80%. Mientras tanto, la tasa de interceptación de misiles y drones iraníes se ha mantenido extremadamente alta en los primeros trece días del conflicto, situándose entre el 90% y el 97%. Sin embargo, Irán ha concentrado su potencia de fuego en las monarquías árabes del Golfo con el objetivo de sembrar el pánico y forzar un aumento del precio del petróleo y el gas. Teherán no aspira a ganar la guerra en sentido convencional, ya que no puede competir militarmente con Estados Unidos e Israel. Su objetivo es aumentar el coste político y económico del conflicto para Trump, especialmente mediante la presión a aliados estadounidenses en Europa, Asia y Oriente Medio. Para la República Islámica, sobrevivir equivale a vencer: la mejor forma de garantizar su supervivencia es poner fin a la ofensiva militar de Trump y Netanyahu mediante presión indirecta.

Al mismo tiempo, Irán busca restablecer la disuasión frente a Estados Unidos e Israel. Desde la muerte del general Soleimani en enero de 2020, sus respuestas —medidas y calculadas— no han evitado que la presión de ambos países aumente. A ojos del gobierno iraní, estas respuestas limitadas- simbólicas, en algunos casos- han alentado las acciones de Washington y Tel Aviv. Para modificar el cálculo estratégico de Trump y Netanyahu, Teherán aspira ahora a generar caos en Oriente Medio e infligir el mayor daño posible a las economías de Europa, Japón, Corea del Sur y otros países. Según este enfoque, solo una respuesta desproporcionada y de impacto global permitirá a la República Islámica recuperar la capacidad disuasoria perdida.

  1. Gareth Vipers, “U.S.-Israeli Campaign Has Passed 15,000 Targets Hit, Says Hegseth,” The Wall Street Journal, 13 de marzo de 2026. https://www.wsj.com/livecoverage/us-israel-iran-war-news-2026/card/u-s-israeli-campaign-has-passed-15-000-targets-hit-says-hegseth-07ONFSJVHPMivIRlFm66?gaa_at=eafs&gaa_n=AWEtsqfZ7eoqBlRro0UYxkqFjKgyrZyY8XtRsF19mpJed5AYHW5oIW4R6-vNPJrqOSE%3D&gaa_ts=69b425e0&gaa_sig=sjVcUY8GkiKWcyFPj5uKhVq6UVUsFsGDPJ3MAMLpV86RkEp7BU9LSAijn-MUmTgFWFUPmZkpVuDmYSRYTXOBEQ%3D%3D ↩︎
  2. Kian Sharifi, “Iran’s Navy Is Largely Gone. The Threat To The Strait Of Hormuz Is Not,” Radio Liberty, 12 de marzo de 2026. https://www.rferl.org/a/iran-navy-destroy-irgc-artesh-us/33703825.html ↩︎