España recibió una oportunidad histórica con los fondos Next Generation EU, pero el Gobierno la ha desaprovechado con una gestión centralizada, opaca y plagada de incumplimientos. Sin consenso político ni participación real de comunidades autónomas y ayuntamientos, el plan derivó en retrasos, baja ejecución, falta de trazabilidad y reformas sin el impacto prometido. La renuncia a 61 000 millones, el atasco burocrático y el uso cuestionable de los recursos confirman el fracaso de un modelo que no transformó la economía ni llegó con eficacia a empresas, pymes y ciudadanos. La Comisión Europea, al priorizar la rápida transferencia del dinero y mirar hacia otro lado, comparte una responsabilidad decisiva. España ha perdido una ocasión irrepetible para modernizarse, crecer y reforzar su posición en Europa.
Sánchez y Trump, modelos de liderazgo populista, cultivan una hostilidad retórica en función del escenario, porque conviene a su manera de hacer política, un teatro urdido de cara a la galería. Poco les importa que esa práctica mezquina no convenga en absoluto a la OTAN, a los Estados Unidos ni a España.
La crónica política española se ha convertido en lo que la vieja prensa llamaba página de sucesos, cajón de sastre que albergaba el relato abigarrado de truculencias delictivas. A estas alturas, las tramas de corrupción socialista son tan densas y tupidas que resulta fácil perder el hilo a poco que uno se descuide. Como muestra, un botón. El pasado mayo, Aitor Esteban se refería a lo que llamó “contador de imputados”: “van nueve, presidente”, decía, afectando incomodidad, al enumerar procedimientos penales. Bendito. En julio, cuando se redacta esta nota, hacen falta ya índices onomásticos como los de las novelas rusas del XIX para no perderse en semejante dédalo.
Con motivo del 150 aniversario de la Constitución de 1876, el autor destaca sus paralelismos con la Constitución de 1978: ambas surgieron de transiciones tras dictaduras, orientadas a superar conflictos y divisiones políticas para lograr una legalidad común. Así, presenta la constitución de inspiración canovista como expresión de una Monarquía liberal de conciliación y alternancia partidista, en absoluto incompatible con la democracia, y explica por qué puede considerarse la más longeva de nuestra historia constitucional.
Aznar ha señalado que “si hoy existen mayorías para pedir la dimisión de Sánchez, todavía hay que construir la mayoría capaz de derribar el muro de Sánchez”, una mayoría que “será nacional o no será”. Así, ha apelado a “una mayoría amplia y centrada, con capacidad de convocatoria – a derecha e izquierda– en torno a un propósito reconstructor de dimensión histórica”.