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Terminadas de redactar estas líneas, el presidente Trump, en el marco de las celebraciones del 250 aniversario de la independencia de los Estados Unidos, hacía alusión a la historia de España y a su pérdida de territorio en Norteamérica, ignorando, con toda seguridad, su decisiva contribución a la independencia que conmemora.
El artículo analiza críticamente la gestión de Pedro Sánchez desde 2020, cuando la pandemia facilitó la concentración del poder ejecutivo. Presenta este periodo como el inicio de una forma de gobernar basada en el fomento de la excepcionalidad, el decreto, la polarización y el uso patrimonial de las instituciones. Sostiene que Sánchez ha subordinado las instituciones, el PSOE y la acción del Gobierno a su permanencia en el poder.
Con motivo del 150 aniversario de la Constitución de 1876, el autor destaca sus paralelismos con la Constitución de 1978: ambas surgieron de transiciones tras dictaduras, orientadas a superar conflictos y divisiones políticas para lograr una legalidad común. Así, presenta la constitución de inspiración canovista como expresión de una Monarquía liberal de conciliación y alternancia partidista, en absoluto incompatible con la democracia.
España recibió una oportunidad histórica con los fondos Next Generation EU, pero el Gobierno la ha desaprovechado con una gestión centralizada, opaca y plagada de incumplimientos. Sin consenso político ni participación real de comunidades autónomas y ayuntamientos, el plan derivó en retrasos, baja ejecución, falta de trazabilidad y reformas sin el impacto prometido. La renuncia a 61 000 millones, el atasco burocrático y el uso cuestionable de los recursos confirman el fracaso de un modelo que no transformó la economía ni llegó con eficacia a empresas, pymes y ciudadanos. La Comisión Europea, al priorizar la rápida transferencia del dinero y mirar hacia otro lado, comparte una responsabilidad decisiva. España ha perdido una ocasión irrepetible para modernizarse, crecer y reforzar su posición en Europa.